San Antonio

Coviñas, Prueba Blog

Una historia de éxito del cooperativismo español. Un hito que hoy reúne a 360 viticultores, suma 2.300 hectáreas, y cosecha de media 18 millones de kilos de uva

Texto: Rubén López Fotografía: Fernando Murad

La historia es paradójica. Cómo se entiende si no que el franquismo favoreciera un sistema social, económico e incluso político, como el cooperativismo. Que acudiera a una figura administrativa donde el respeto a los hombres es la base. Como ejemplifica la placa conmemorativa que recoge a los ciento veintiséis socios fundadores de la Cooperativa de Viticultores de San Antonio de Requena (1955). Y que hoy se encuentra colocada en las actuales oficinas. ¡Si incluso el mismo nombre elegido fue toda una declaración de intenciones!: “El Progreso”. Cómo es posible que ningún censor de la dictadura no notara su impetuoso aliento democrático.

Es cierto que los objetivos de su creación fueron el mejoramiento del cultivo de la vid y  de su comercio. En definitiva, sacudirse el dominio que habían ejercido hasta entonces los grandes terratenientes y los poderosos intermediarios que les pagaban a peseta el kilo de uva. Pero su campo de acción iba más allá de los muros de la Bodega Vieja  contigua a la estación del ferrocarril. Allí donde dos años antes de la constitución de la cooperativa cuajó la “Agrupación de Agricultores”, y que los de arriba apodaron con sorna como ‘Bodega del Pozal’.

Secciones de Bodega, Caja…
Cuando Rafael Navarro, enólogo de la bodega desde 1985, y su presidente actual, Ricardo Hernández, declaran que con “El Progreso” asistimos a una viticultura de raza, se están refiriendo a eso precisamente: al esfuerzo de unos agricultores que antepusieron los intereses de la cooperativa a los suyos propios, porque sabían que el presente y el porvenir pasaba por mirar juntos en la misma dirección. Y que ese mirar juntos iba a dar sentido a su trabajo. Un sentido que dio sus frutos con la creación posterior de las secciones de Crédito, Seguros, Almazara y la flamante Gasolinera.

En la actualidad la sección de Bodega alcanza a la totalidad de los agricultores de San Antonio con 360 socios activos. Que junto con el resto de secciones suman 1.300. Si reparamos que San Antonio censa 2.300 habitantes, “El Progreso” alcanza a todas las familias de la pedanía y sus alrededores. ¿Y cómo ha sido esto posible? Rafael Navarro es rotundo al respecto: la cooperativa no es una empresa, pero funciona como tal. Una empresa especial porque sus estatutos la dotaron de unos mecanismos de elección de Junta Rectora, Presidente y Consejo de Vigilancia, que son todo un ejemplo de transparencia y consenso.

Pero no ha sido un camino fácil. Para hablarnos de él están Felipe García, quien fue presidente de la cooperativa a caballo entre las décadas 70 y 80, y Manuel Navarro, socio nº 361. Ellos son los depositarios de una memoria hecha con las manos. Aquellas con las que se acarreaban los cuévanos hasta los carros que arrastraban las caballerías camino de la Bodega Vieja primero, y luego la Nueva, levantada en 1970 a las afueras de San Antonio, entre la línea de ferrocarril y la rambla. Ellos han sido testigos de los cambios profundos acaecidos en el campo utielano y requenense. De cómo cada socio se descargaba su propio carro y se le pelaba la espalda al sulfatar. Y de la llegada de los primeros tractores en los años sesenta. Felipe García zanja: ahora la agricultura es un paseo. Y no hay quien le ponga un pero, porque tiene más razón que un santo.

Poco a poco la memoria se refresca, recordando vicisitudes que el tiempo ha convertido en anécdotas que dibujan una sonrisa en sus rostros trabajados. Como aquella vez que en plena campaña la aldea entera y con ella la bodega se quedaron sin luz a consecuencia de la gota fría que provocó la Pantanada de Tous en 1982 y por tanto sin posibilidad de continuar la buena marcha de la vendimia. De cómo sin pensárselo dos veces se fueron a Madrid a comprar un generador eléctrico y así poder reanudarla.

La piel de la bodega
La piel de la bodega ha ido mudando con los años. Primero llegaron los depósitos de un millón, llamados  así por su capacidad individual; un poco más tarde los depósitos de acero inoxidable y del primer equipo en frío, que permitió la fermentación controlada y la elaboración de vinos de mayor calidad. Hasta la ampliación final con los veintiocho depósitos autovaciantes durante los 90, convirtiendo a la Bodega Nueva en una de las más modernas de la zona. ¿Y en el campo? Se introdujeron nuevas variedades como tempranillo, macabeo, syrah, merlot, cabernet, garnacha y pinot noir. ¡Elaborando hasta 5 bases de cava!

A día de hoy sus números expresan el milagro económico y social de “El Progreso”. Para percibirlo solo hay que sentarse en una de las butacas del salón de actos de las nuevas oficinas. Hablamos de unas campañas que rondan de media los 18 millones de kilos; procedentes de 2.300 hectáreas. Siendo el 25% de la producción de COVIÑAS. Un auténtico gigante con unos pies sólidamente arraigados en la tierra de sus socios fundadores.

Es verdad que San Antonio tenía muy buenas cartas. Pegado a la Nacional III. Con estación de ferrocarril. Junto a la vega del río Magro. Y equidistante de las poblaciones de Requena y Utiel. Grandes familias de comerciantes del vino eligieran el pueblo como lugar de residencia. Aun hoy se pueden admirar los aires de grandeza de alguna de sus casas, como la de Los Parrales, al borde de la misma carretera nacional. Además, San Antonio cuenta con un teatro que lleva por nombre García Berlanga que fue inaugurado en 1915. El abuelo del director de cine. Pero también es verdad que había que jugarlas bien. Y “El Progreso” fue una mano maestra. A partir de ese momento ya solo quedó mirar hacia delante y trabajar muy duro. Hasta hoy. Una historia que continúa marcando el camino del éxito del cooperativismo español.

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